viernes, 10 de octubre de 1997

Tormenta en el Pacífico III: la Perica, Delia y Paulina (1997)

puerto Escondido, Oaxaca: hoy cumple años Delia, mi amiga de Metan, provincia de Salta (no conozco la geografía Argentina: son coordenadas de Delia) . Como no llevo ningún regalo (además de que otros invitados nunca aparecen) le digo en son de broma:

“Yo soy el regalo”- y para sor·presa mía … a la noche, se le fué la mano!


Pasado un mes, el dueño de los bungalows donde vive Delia, amablemente le notifica que como ya no es galán en ciernes (ocupo la plaza) tiene que mudarse y dejar libre al Bungalow para otra clienta/víctima...más soltera.

Vivo en una cabaña hecha de hueso de palma. Delia se muda conmigo sin reparos. Decidimos que:
  • la Perica ya no es Rebelde (todo lo contrario: es de un dócil…)
  • soy mecánico y una perica es llave de mecánico: ése es su nombre predestinado
  • es el símbolo que marca la asistencia mecánica en las carreteras de México
  • hay una organización sobre ruedas de asistencia gratuita en carretera: los ángeles verdes, conformada por expolicías de caminos ya jubilados (tienen radio, herramienta y refacciones básicas para ayudar al descompuesto);
  • no será un ángel, pero las pericas también tienen alas…
  • además está pintada con dos tonos Verdes...
El destino se manifiesta en las formas más extrañas, inesperadas y surrealistas. A veces no capto que nunca son casualidades…

Empiezan noticias de que Paulina viene a Pto.Escondido. Paulina es un huracán tipo 4. La leyenda dice que los huracanes nunca entran a Puerto. Se cumple la leyenda: Paulina toca tierra en Puerto Ángel, rodea Pto. Escondido yéndose a la montaña, vuelve al Pacífico por Coyantes y se ahoga en Acapulco junto con 2,000 almas. El gobierno no reconoce esas cifras (ni las del temblor del ´85). Mi hijo Álex, vacacionando en Acapulco, logra sobrevivir (¡gracias, destino!) para contarnos todo después.

Aunque Paulina no nos pega de lleno, nos deja sin electricidad, sin agua potable, sin carreteras y sin vuelos. Los víveres escasean; no hay trabajo, ni gasolina, ni dinero, ni nada. Decidimos vender la Perica para salir del atolladero. Me voy al hotel Arcoiris para ver su dueño y muy buen amigo, JoséLuis. Precisamente necesita una Combi. En el camino, la Perica decide que sin gasolina ya no vá. Y en plena carretera costera del Pacífico.

Trato de empujarla; me ayudan otros, pero nos gana su peso. Se vá contra los autos parados detrás. Quiebro el volante para esquivarlos. La Perica se para y empieza a avanzar hacia el talud de la carretera. Quiero detenerla, imaginando el destrozo de vidrios al volcarse de lado por el talud, sin encontrar después entre los escombros, a la poca herramienta que me dió Ramón Tigre Azul. En cambio, veo cómo la dirección se mueve sola, y la Perica se endereza.

“Déjala ir o te vá a jalar”- me gritan. Suelto la puerta y veo a la Perica bajar rodando de frente por el talud. Abajo rebota en un camino y salta para caer entre una barda de 30 cms y la pared de una casa, aplastando nada más al tubo del desagüe con su defensa; aparentemente, la Perica está intacta! También veo que tanto circo reunió un gentío de locos. Temiendo la aparición de la policía, me esfumo a pié hacia el Arcoiris para encontrar gasolina.

Al regreso, el público se fué y el tráfico por la carretera es otra vez normal. Arranco la Perica con la gasolina que me dio JoséLuis, la reviso y no puedo creer (que hoy 18 años después -en éste 2015- ¡sigua funcionando!) que no le pasó nada. Un colega pintor, Andrés, camarada del Tigre Azul dice al pasar:

"El destino te la regaló, el destino te la quitó por pensar en vender, y ya te la volvió a regalar… a ver si así entiendes que es sólo para tí, bobo"
Jean Loup

Enlaces:

miércoles, 8 de octubre de 1997

los Olvidos de la Memoria (del Otoño 1997 al fines del 1944)

México, otoño de 1997
Puerto Escondido, Oaxaca: despidiendo al huracán Paulina con el anochecer (VER: Tormenta en el Pacífico III: la Perica, Delia y Paulina - 1997) vimos desfilar frente a nosotros varios cascos cuadrados, bajando de camiones militares Mercedes-Benz pintados con el mismito gris rata del '44: inmediatamente inundaron mi memoria, los olvidados que hilo a continuación.
PREFACiO
Mucho tiene que ver la suerte, con nacer de una guerra y en una familia bastante extaña:
  • Mi padre un general, imposibilitado a matrimoniarse porque mi abuela materna murió soltera: ¿cómo comprobar que mi abuelo no era judío?
  • Mi madre, con nexos maquís para extraer trenes hasta Suiza, sin que volaran por los aires en nombre de "la libertad", tan defendida por maquís saboteadores de trenes (de trenes franceses bajo el mando alemán de mi padre) para que no llegaran a ninguna parte y con fugitivos viajeros, que necesitaban llegar para enriquecer lentamente la banca Suiza, depositando modestas posesiones en oro a cuentagotas, junto a jugosas ganancias en dinero "para lavar", tanto de industriales como de políticos, repartidos por ambos bandos de ése enorme negocio llamado guerra.
  • Mi nana Rosa, alsaciana de origen, solterona ya quedada que amaba los niños. 
  • Mi tío Sacha, comando voluntario ruso, ayudante personal del general.
  • Mi otro tío Otto, fanático de los planeadores, del paracaidismo y otras operaciones descabelladas.
  • Y mi hermana Arlette, 9 años mayor y oficiando como segunda madre cuando mis padres quedaban atrapados del otro lado del frente. En 1944 el frente era tan cigzagueante, como el avance de Sensemayá.
    Hoy éramos territorio "liberado", mañana pertenecíamos al "Reich" nuevamente; mientras, ambos bandos regaban tal ir y venir con sangres igualmente rojas, fertilizando así una tierra muda de horror.
  • Vivíamos en la granja de los señores Bastiè, vallée de Cheuvreuse. Ellos oficiaban como mis abuelos, yo les ayudaba con labores de la granja; arreglar el establo, recoger los huevos, alimentar a gallinas y gansos, llevar las vacas a pastar, cepillar caballos, ir a recoger bayas, hongos, piñones u otras yerbas del bosque, asegún la estación ··· pocas veces "las líneas" retumbaron cerca. Lo cuadrado o redondo de los cascos desfilando al día siguiente, indicaba de qué lado estábamos. Cuando eran redondos nos escondíamos en el bosque hasta el regreso de los cascos cuadrados.
Vallée de Cheuvreuse, otoño/invierno de 1944
Los campesinos entre quienes vivíamos, no confiaban en sus industriales ni en sus políticos: ambos habían vendido la Francia; primero a los alemanes y ahora, peor aún ¡a los americanos que ni europeos eran! Los temían tanto como a los rusos; los veían como salvajes ignorantes, que nada más nos venían a saquear. Su aviación acababa con todo lo que se movía en el suelo, por carreteras y por vías férreas; lástima que todo lo que se movía, eran franceses en fuga ···

El bosque nos protegía de tal destrucción aérea; la terminal ferrocarrilera cercana estando bien camuflada con sendas redes y sus trenes bien cubiertos con ramas. Varias veces acompañé  allá al tío Sasha en su Kettenkrad; me encantaba el ruido de las orugas y le ayudaba para arrancarlo con el cran, deteniendo el acelerador como indicaba mi tío. A veces no quería que lo acompañara, como cuando se iba sólo después de hablar por la radio, usando ésas palabras que ni entendía y me dijeron después, eran en inglés.

Intrigado me escapé de la granja, siguiendo por el camino las huellas de las orugas y su rueda delantera. Oí un avión acercándose muy bajo, pero no sonaba como los de combate: era mucho más suave. Cuando llegué al borde del bosque, ví al tío Sasha vestido de ruso junto a un avioncito de ala alta, bajando cajas que subían al Kettencrad. Casi se desmaya cuando le pregunté en la casa ¿porqué se vestía de ruso para jugar con el avioncito? Me hizo prometer que no iría más al lugar del avioncito. Era de los cascos redondos y con él mandaban comida y balas para los maquís; pero el tío Sasha con su radio, los atraía para llenar nuestra despensa y tener balas para nuestras armas, diciendo que era un contacto ruso. Mi pelo rubio, hubiera delatado el truco inmediatamente (mi madre decía que tengo "la cabeza demasiado cuadrada"). Nunca volví a preguntarle nada, ni me dejé ver de nadie; pero me gustaba demasiado ver despegar al avioncito ése, como para quedarme en casa.

Ésa mañana, madame Bastié y yo salimos al bosque buscando bayas para hacer mermelada. Mientras Madame recolectaba frutas en su canasta, fuí al tan prohibido lindero del bosque donde furtivamente aterrizaba el avioncito ése, atraído por el tío  Sacha y bien encandilado con su radio. Cerca, tronaba el avance de los cascos redondos; sorpresivamente, apareció la Gestapo y le tiró a Sasha en plena frente, antes de poder identificarse ni hacer nada como despedirse. Asomaron algunos cascos redondos que, demasiado tarde, acabaron con ésos uniformes negros. Escuchando tanta metralla, Madame me llamó y nos fugamos a lo profundo del bosque. (mi madre advertía: "los cascos cuadrados que eran nuestros amigos, ya se fueron. Los cascos redondos, ¡no son nuestros amigos para nada!")

Tratando de escondernos en una cañada, madame Bastié cayó y se rompió el brazo derecho. Me dijo con cara asustada:

"Wolfgang, ahora tienes que ser grandecito, ya no puedo cargarte" - Madame tenía entonces más de 70 años, yo casi 2. Mientras se vendaba el brazo con una tira de su vestido, vagué por la cañada encontrándome a dos "perritos" juguetones, frente a un agujero tapado con las raíces de un árbol enorme. Me lamieron las manos y entré al agujero con ellos. Había algunos huesos y una especie de hojarasca en el piso.

Regresé por Madame, y la llevé hasta el refugio encontrado, diciéndole: - "Ahí no nos encuentran" - Casi se muere del susto cuando llegamos: la mamá de los "perritos" estaba lamiéndolos. Se acercó a mí, mientras Madame estaba tan paralizada que ni hablaba, ni respiraba siquiera. La mamá me olió las manos que extendí para acariciarla, y las lamió. Agarré a Madame y le dije: - "No tengas miedo, nos van a ayudar" - y entré tras los "perritos" juguetones, que también dejaron las manos de Madame llenas de babas ···

Tres días después salimos y logramos llegar hasta su finca del bosque. Mientras, nos comimos nuestras bayas y fresas, y bebimos agua de la cañada. La mamá de los "perritos" gemía cuando nos fuimos ··· Desde ése día, Madame me llamó "JeanLoup" (pronunciado YanLú; significa JuanLobo) en vez de Wolfgang (pronunciar con papas quemándote el hocico, como ladrido hitleriano). Varias veces, vinieron la mamá y sus "perritos" a verme hasta la finca, anunciándose con sus aullidos. Yo les daba los huesos de nuestra comida.

Extraño a mi tío Sasha, mi primer amigo en ésta Ribera; me enseñó a "jamás portar un arma con cartucho en la recámara". Una vez no hice caso, cuando me regalaron mi ··· ¡Regalo de Cumpleaños! ···  !cuánta razón tenía!

Continuaciones: Enlaces: