miércoles, 20 de octubre de 2010

la Primavera de Otoño


En México tenemos dos estaciones: las Secas y las Lluvias, separadas con respectivas Primaveras. Ahí, Flores Insectos y Pájaros, se vuelven exuberantemente locos.

Estoy podando la Selva que nos dejaron las Lluvias, por acá atrás en la hacienda. En Octubre empiezan a florear los Cazahuates, árbol nacional de los Altos de Morelos. Nada como pasear por un camino bordeado con Cazahuates, cubiertos de flores blancas. La hembra abre flores por toda la copa y a todo lo largo de sus ramas. El macho sólo saca flores en la punta de sus ramas. Atrás en la hacienda, tenemos una Casahuate hembra. Para ver su traje de novia desde la casa, debo podar desorbitados plátanos.


Otro árbol donde hembra y macho son diferentes, es la Papaya (otra aportación de México al Mundo). Sólo la hembra dá fruto, aunque necesita un macho cerca para fecundarla con los Espíritus del Viento: los Insectos y los Pájaros, a cambio del néctar contenido en sus flores.

Vendavales huracanados se llevaron las nubes con lluvia éste año. Varios bichos saben que damos asilo a los huerfanitos. Algunos como el Vinagrillo, parecieran ser hijos de Hades y tienen la fama de ser venenosísimos, gracias al miedo del vulgo. Su defensa es oler a vinagre rancio, exudando gotitas de ácido a lo largo de su cola; llegan a usarla como látigo, para lanzar su peste a corta distancia. Si te tocas los ojos, arde. Hay que enjuagarse las manos con agua después de agarrarlo. Es absolutamente inofensivo y ayuda contra otras plagas de casa y jardín.


Otros son delicadas bailarinas, como las Mantis. Curiosamente, éste año las Mantis son color paja, en vez del usual verde fosforecente. ¿Indicarán que avecina una seca extensa e intensa? Cada año las Lluvias se atrasan más y más... (o son demasiado intensas, o duran cada vez menos). También hay lugares donde les tienen miedo, como en los cafetales de Chiapas: dicen, que si rozas una Mantis te dá calentura toda la noche. ¡Pamplinas! Les gusta la amistad con humanos, especialmente por el cuello y la cabeza: ahí se comen todos los mosquitos que llegan para chuparnos la sangre.

Anoche Iván no venía a dormir al pasillo, frente a los cuartos de arriba. Lo busqué en el jardín y lo encontré acostado junto un algo peludo. Cuando me vió, lo empujó con su nariz para hacerlo andar, mirándome para que lo ayudara.

Era un Tlacuache, un poco mojado por los lamidos de un Iván que intentaba reanimarlo. Fuí por una pala para recogerlo y enterrarlo; al pasar por la cocina, le eché un vistazo para ver dónde estaba lastimado... tenía los ojos en blanco, el hocico entreabierto con la lengua de fuera y sus manos (tienen cuatro manos) apretadas contra él, así como su cola enrrollada en caracol. (su cola es prensil).

Por más que trataba de abrirlo o extenderlo, nada. Al tomar su cola, se extendía bien y la enrrollaba al soltar. Lo agarré de la cola (se cuelgan de su cola, no le lastima) estirando bien mi brazo fuera de sus colmillos. Sus ojos me miraban atentamente y su boca seguía entreabuerta mostrando colmillos. Al revisarlo dándole toda la vuelta girándolo desde su cola, no tenía heridas. Mientras, Iván pedía jugar con él como hace con los mininos.

Sabiendo que éstos marsupiales son maestros del engaño, concluí que estaba petrificado de terror ante el tamaño de Iván y estaba dizque "muerto" como defensa. Tenemos una pared de piedra separándonos del terreno adjunto. Ahí Iván no se puede subir. Con la escalerita en una mano y el Tlacuache colgando en la otra, lo dejé arriba de la pared. Si se estaba muriendo lo enterraría mañana y si estaba sano, de ahí se pondría a salvo.

Ésta mañana ya no estaba. Mi corazón está contento porque Iván tiene buenos sentimientos. Nunca atacó al Tlanuache (ni fué atacado tampoco) cuyo peor pecado fué ¡robarse las croquetas! (como las ardillas). El día que Blau (nuestra Siamesita eléctrica) parió SEiS mininos, estaba viendo todo atrás de la ventana: ahí aprendió a reanimar lamiendo.

Los bichos saben bien quién los vé como iguales, quién los puede ayudar en su andar. En la avenida Reforma de nuestra capital, un mono araña (con su collar, noté) caminaba por el camellón central, deseperado. Me vió y se subió sobre mi hombro, me abrazó la cabeza y enrrolló su cola en mi cuello, como diciendo ·"de acá no me mueve nadie"·. Pasados unos minutos ví, tres cuadras más arriba a chiquillos deseperados buscándolo, al cuidado de una hermana mayor. Me acerqué y les pregunté "¿Buscan a éste fugitivo?"· el cual se bajó para darme la mano y jalarme hacia los niños. Ni duda que eran su familia... (ya me había encariñado)

En la feria de Puerto Progreso (1972) fuimos a cenar antojitos yucatecos; pambazos, sopa de lima, mucbi-pollo, pastel de cazón (de tiburón bebé). Vicky tenía un hambre caníbal en aquél su primer embarazo. También le abría el apetito caminar descalza 2 Km diarios, sobre la arena floja de la playa, para reforzar su columna. Nos detuvimos en un puesto de baratijas con cierto encanto, cuando sentí que algo más pesado que un gato aterrizó sobre mi hombro derecho. Cuando miré quién era tan confianzudo, estaba al ojo con ojos de azul violeta, pupilas muy atentas sobre destellos de brillantes. ¡Un Ocelote! Como mi amigo Pijón, allá en el Tabasco del pasado...

Antes de pensarlo, le estaba acariciando el cuello y empezó sus ronroneos. Mientras miraba de dónde salió, ví a una familia entera buscando por todos lados, hasta que notaron mi hombro con su Ocelote. Tontamente pregunté si lo vendían... ¿acaso vendería yo, mi mascota que crié desde chica? Claro que no...

Los bichos saben que no les tiengo miedo aunque sí los respeto, que dialogo con ellos sin importar su olor, su aparente belleza (algunos bichos son feos para nuestra estética) o su ponzoñeidad; los ayudo en lo que pueda. Y madre Natura también ayuda: me han picado cantitad de alacranes (mexicanismo para escorpiones) que nunca me han trabado: soy inmune. (menos mal; miren que Vicky ¡es Scorpio!)

Enlaces:

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Porqué me gusta tanto la Montaña?


Fué en aquel entonces, rescatado después de cuatro meses atrapado en la Montaña y descansando en su Caribal, cuando preguntaron aquellos salvadores tan inmersos de cotidianidad, que parecieran sordos y ciegos a tanta belleza:
  • Y ¿porqué le gusta tanto la Montaña, don Von?
Deseaba que aquella mi boca llena con impotencia muda, compartiera de su Vida los colores y de su Existencia la música, a unos ojos que por tedio ven sin mirar, a unas orejas que por tedio oyen sin escuchar ···
··· pos: ¡Por todo ésto!